Comienza una nueva temporada del Ciclo de Lied del CNDM y el Teatro de la Zarzuela, que alcanza ya su XXXIII edición. Para inaugurarla, la soprano alemana Christiane Karg, acompañada al piano por Malcolm Martineau, regresó por tercera vez a este ciclo, con un programa dedicado a distintas vertientes de la canción de concierto de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
El recital comenzó con las canciones de la compositora norteamericana Amy Beach. En los Four Songs, op. 51, Karg destaca por la naturalidad y delicadeza de su canto, con un fraseo atento a los matices de una escritura de clara raíz romántica.
Con Debussy y su Fêtes galantes, deuxième recueil, la intérprete alemana aborda las tres canciones con una línea vocal flexible y una especial atención al texto, mientras Martineau cuida el color y las atmósferas del piano.
Los Sieben frühe Lieder de Berg y los Vier Lieder, op. 2 de Schoenberg permiten apreciar la capacidad que Karg tiene para adaptarse a lenguajes más tensos y armónicamente complejos sin perder claridad ni elegancia en la línea.
En las tres canciones de los Rückert-Lieder de Mahler y en las de Fünf Lieder de Alma Mahler, esa misma cualidad se traduce en un canto más íntimo y cálido, muy atento a la expresión del texto. Finalmente, en Freundliche Vision, Waldseligkeit y Wir schreiten in goldener Fülle, de Richard Strauss, vuelve a poner de relieve la riqueza melódica del compositor.
Una de las grandes virtudes de Karg reside en la elegancia de su canto y en el extraordinario gusto con el que construye cada frase. Su voz lírica, luminosa y flexible le permite moverse con facilidad entre distintos caracteres y niveles de intensidad, siempre con una emisión cuidada y una línea de canto sostenida. Hay en su interpretación un notable dominio de las dinámicas, una dicción clara y, sobre todo, una manera de frasear que evita cualquier exceso y encuentra en los pequeños matices buena parte de su fuerza expresiva. La calidez del timbre y la naturalidad de la expresión completan una interpretación de gran equilibrio y refinamiento.
El experimentado Martineau se muestra como un pianista especialmente sensible a las particularidades de cada compositor y a la relación entre voz e instrumento. Su acompañamiento destaca por la riqueza de colores, el control de las dinámicas y la atención a los cambios de atmósfera, desde la sutileza de Debussy hasta la mayor densidad armónica de Berg y Schoenberg. Sin buscar un protagonismo innecesario, sabe dar al piano su verdadero peso expresivo y mantener en todo momento un diálogo fluido con Karg, contribuyendo decisivamente a la unidad y calidad musical del recital.
Para redondear este primer recital del ciclo se ofrecieron dos propinas. La primera fue “Malvas”, una canción que Strauss compuso para la soprano checa María Jeritza, quien la guardó en secreto hasta su muerte, según contaron los propios intérpretes. El recital terminó con “Morgen”, una de las canciones más conocidas de Strauss y, sin duda, el mejor broche para una velada que dejó un excelente sabor de boca.
Fotografía: Elvira Megías/ CNDM
