La Filarmónica presenta Tres últimas sonatas de Beethoven

abril 2026
Varvara © Jordi Roca

Varvara nos propone que la acompañemos en la intimidad de la Sala de Cámara del Auditorio con un gran reto: la interpretación de las monumentales Tres últimas sonatas de Beethoven.

Varvara: curiosidad insaciable
Varvara nació en Moscú en el seno de una familia modesta, intelectual y muy cultivada. De sus padres heredó el sentido del deber y una curiosidad insaciable por el arte y la cultura. Fue admitida en la prestigiosa escuela Gnesin para supertalentos, la misma de Kissin y Trifonov. En 2012, ganó el prestigioso concurso Géza Anda y se proyectó internacionalmente.

La infancia de Varvara coincidió con la caída de la Rusia soviética y los grandes cambios sociales y económicos que comportó. Ella misma nos explica: «De repente, en la escuela aparecieron unos seres desconocidos para mí, los nuevos niños ricos. Inquieta ante este hecho, le pregunté a mi padre: ¿Nosotros somos ricos o pobres? – Somos pobres, Varvara, pero no te preocupes porque yo no me preocupo.”

Beethoven: el sonido del silencio
En el otoño de 1802, abatido por los primeros síntomas de su sordera, Beethoven abandonó el bullicio de Viena y se retiró al pequeño pueblo termal de Heiligenstadt. Sus médicos le habían prescrito reposo, aire puro y caminatas en la naturaleza como remedio para frenar el avance de su dolencia. Beethoven aún confiaba en recuperar la audición, pero pronto se vio obligado a aceptar la irreversibilidad de su sordera, lo que lo sumió en una profunda crisis existencial.

El silencio se volvía cada día más denso, y la vergüenza de no oír lo empujó al aislamiento y a vivir como un proscrito. En este retiro forzado Beethoven escribió uno de los manuscritos más conmovedores que conservamos del compositor: una carta dirigida a sus hermanos que nunca llegaría a enviar. Es el célebre Testamento de Heiligenstadt, una confesión íntima llena de miedo, rabia y desesperación. Entre 1802 y hasta su muerte en 1827, Beethoven escribió el corpus más decisivo y trascendente de su obra, incluidas sus últimas ocho sinfonías.

Un hombre sordo y atormentado fue capaz de explorar su alma y crear, desde la imaginación, los sonidos que ya no podía escuchar. Es difícil saber cómo habría sido su música de no haber padecido esta sordera. Lo que sí sabemos es que un artista privado del sentido del oído nos legó un testamento musical que figura entre los grandes patrimonios artísticos de la humanidad. Y nosotros lo escuchamos y lo escuchamos.

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