Los días 19 y 21 de febrero, a las 19.00 horas, volverá al Teatro Real, después de 24 años, Giulio Cesare in Egitto, obra maestra de Georg Friedrich Händel (1685-1759) y cumbre del repertorio operístico del Barroco tardío.
Estrenada en 1724 en el King’s Theatre de Londres, con un reparto colosal encabezado por el célebre castrato Sinesino, Giulio Cesare in Egitto pertenece al período de madurez creativa de Händel -antecediendo a Tamerlano (1724) y Rodelinda (1725)-, cuando el compositor desarrollaba una frenética actividad como compositor y también como gestor de la Royal Academy of Music antes de su trágico colapso.
La obra se inscribe en los parámetros de la opera seria italiana del siglo XVIII -tema histórico, estructura en tres actos, recitativos y arias da capo, etc.- pero Händel trasciende su rigidez formal con una riquísima invención melódica y una admirable eficacia instrumental al servicio de la dramaturgia y de la caracterización psicológica de los personajes, articulando con enorme pericia sus sentimientos, reflexiones y tormentos con los conflictos políticos que marcan el devenir de la acción.
El libreto, de Nicola Francesco Haym (1678-1729) -que escribió otros nueve para distintas óperas de Händel-, está basado en la obra homónima (1677) de Francesco Bussani, en cuya trama se articula el enfrentamiento entre Tolomeo, rey de Egipto, y Giulio Cesare, dictador romano, por un lado; y la historia de amor entre éste y la bella y astuta Cleopatra, hermana del primero, por otro. Paralelamente se desarrolla el drama de Cornelia, viuda de Pompeyo, a la que quiere desposar Tolomeo, asesino de su marido, y a quien su hijo Sesto jura venganza. La evolución de los protagonistas a lo largo de la ópera y el contraste entre su vida pública y sus dramas interiores están magistralmente retratados a través de la música, con una orquestación en la que destaca la brillante utilización de instrumentos como la trompa, el fagot, la viola da gamba, el arpa, la tiorba o la flauta dulce para crear las atmósferas más idóneas asociadas a cada escena.
Así, vemos como Giulio Cesare es, además de líder militar victorioso, también una figura sensible y reflexiva. Esta dualidad se manifiesta musicalmente en arias que alternan la majestuosidad heroica y la introspección lírica. Cleopatra, para la que Händel escribió algunas de las arias más bellas del Barroco, transita desde la seducción interesada hasta el amor verdadero y la vulnerabilidad emocional. Y hasta el personaje de Sesto evoluciona moral y psicológicamente, de joven impulsivo y doliente a vengador decidido. Todas estas transformaciones se reflejan en una escritura vocal de grandísima exigencia técnica y expresiva.
Händel demuestra también una gran maestría en la utilización dramatúrgica de los recitativos secos y acompañados, de los contrastes dinámicos y de la forma da capo, con repeticiones que rehúyen el virtuosismo ornamental, privilegiando los contrastes de tempo, tonalidad y textura que enriquecen y profundizan el espectro de los sentimientos.
La partitura de Händel, concebida para los mejores cantantes de su época, exige muchísimo de sus protagonistas, tanto por la cantidad como por la intensidad de sus partes: ¡Guilio Cesare y Cleopatra tienen 9 arias cada uno! En el Teatro Real la ópera será interpretada por un plantel de cantantes de reconocida valía en el ámbito de la música barroca, como el contratenor Jakub Józef Orliński (Giulio Cesare), la soprano Sabine Devieilhe (Cleopatra), la mezzosoprano Beth Taylor (Cornelia), la soprano Rebecca Leggett (Sesto), el barítono Yurly Mynenko (Tolomeo), el bajo Alex Rosen (Acchilla), el barítono Marco Saccardin (Curio) y el contratenor Rémy Brès-Feuillet (Nireno).
